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Escuela de Bellas Artes

La historia del arte (parte 1)

Por Roberto Corral

 

Dentro de nuestra sección dedicada a espacios artísticos y culturales de nuestra Comarca, la Escuela de Bellas Artes o sus diferentes denominaciones forma parte indisoluble de la historia reciente de todos, no sólo de aquellos que pasaros por sus salones o asistieron alguna vez, sino de la plena comunidad de El Bolsón, máxime cuando no fue nada sencillo su paso de casi 30 años, dejando una marca que no se podrá borrar, por varias razones.

 

A manera de prólogo

Todo comenzó en el año 1969, a instancias del profesor Ianos Ivanovisc, cuando se funda la Escuela Municipal de Cerámica de El Bolsón.

Su mentor y persistente continuador era oriundo de la ciudad de Budapest, capital de Hungría, con muchos años ya en  nuestro país. El primer local donde funcionó la escuela fue un préstamo de la Gendarmería Nacional, donde funcionaba su división motorizada, en la calle 25 de mayo.

Inicialmente la escuela se constituyó como un taller de cerámica para adultos con un número creciente de alumnos. Entre ellos apareció una pequeña de 10 años que con el tiempo sería directora por muchos años.

A fines de 1971 la escuela toma un rango provincial y comienza la construcción del edificio definitivo en un terreno del municipio cedido a Río Negro. Inicialmente se levantó una sola ala, el salón-taller con entrada sobre calle Onelli, como quedó definitivamente hasta el día de hoy.

Con el paso de los años se fueron adosando otras aulas y remodelaciones sucesivas que le otorgaron su actual fisonomía. En ese año citado se transforma entonces en Escuela Provincial de Cerámica hasta el año 1980 cuando se transforma en Escuela de Bellas Artes.

En el 74  se recibe la primera promoción de ceramistas de la original escuela. La pequeña de referencia es Tita Marinet Meza, quien inmediatamente después de haber egresado ya se constituyó en docente de la misma y arribó a la dirección en el año 86, permaneciendo en el cargo hasta la disolución.

La escuela incorpora primeramente la cátedra de música y posteriormente la plástica, dictándose dibujo, pintura y grabado. Aquí, hablamos del año 80, renuncia Ivanovisc y se hace cargo de la dirección Dora Suárez de Delaunay, quien detenta ese cargo hasta seis años posteriores.

Hay que destacar que casi desde el comienzo de la denominada Escuela de Bellas Artes, la intensión fue la de ser una modalidad artística, como ciclo superior del secundario, algo que nunca fue. ¿Las razones?, probablemente con el tiempo podamos establecerlas o ir armando un rompecabezas muy particular. Una resolución del Consejo de Educación provincial, la N° 2870/86 lo corrobora.

Finalmente, el último tramo funciona como Instituto Superior de enseñanza primaria en Estético Expresivo, largo título que evidenciaba un paso mas o al menos, un camino tomado para la preparación y formación específica de docentes en el arte.

Ahora bien, el sueño de ser una Facultad o Universidad de Arte de algunos, entre ellos, de la batalladora Tita Meza, se fue perdiendo hasta el extremo de la decisión de unos pocos de terminarlo definitivamente.

Nada es absolutamente definitivo en este mundo, ni que decir en esta Argentina, aunque muchas veces esa relatividad parte desde los sectores de decisión política, ignorantes de un verdadero sentir, necesidad, anhelos y posibilidades de una comunidad, con palabras y resoluciones que se las lleva el viento o los aires de los vaivenes del mercado, los bancos, las deudas o vaya uno a saber el motivo.

Lo concreto es que el sueño terminó en la década del 90 y el edificio que hoy sirve de marco a las actividades del Centro Galeano, en suspenso, como muchas cosas ya no pudo ser mas el de “Bellas Artes”, como gustamos siempre cariñosamente llamarla.

 

La lucha para preservarla, los pedidos, las traiciones, angustias, pequeñas victorias y esperanzas forman parte de otro capítulo, que con la ayuda de varios protagonistas vamos a tratar de escribir en otras entregas de FoCo.