HOMENAJE
Por Oscar Giménez
Ignacio NACHO Uriarte

Escultor - Ciclista - Fotógrafo - Poeta - Escalador de montañas.
Un artista que gustó de las obras de grandes dimensiones, a partir de la madera y el corazón como sustento de su gran sensibilidad.
Ignacio “Nacho” Uriarte, nació el 15 de enero de 1980 y de muy pequeño le hizo conocer a su madre, Cora Gabras, que iba a ser escultor de la madera, cuando ya la labraba a los 10 años. A los 14 años se destacaba en ciclismo de montaña logrando consagrarse Campeón Argentino, en la Provincia de Córdoba, lo que le permitió competir posteriormente en dos Panamericanos. La falta de dinero para apoyarlo en su camino de deportista, fue quizás el motivo para que “Nacho” Uriarte encaminara otro aspecto de su personalidad, que lo distinguía de sus hermanos Sol, Dolores y Luciano.
Luego de concluir la primaria, decide en un momento de su adolescencia abandonar el secundario, para meterse de lleno en su pasión por descubrir en la madera aquello que pocos pueden ver y sobre todo muy escasos logran trabajar sus formas para convertirlo en obra de arte.
Gustaba de las grandes dimensiones, realizando en diferentes momentos de su vida esculturas monumentales, identificando un talento poco reconocido, aunque algunas de sus obras se encuentran emplazadas en Washington, EE UU y en Londres, capital de Inglaterra.
La mujer, la maternidad y el reconocimiento de aquellos que más sufren movilizaban a este joven, quien plasmó la imagen femenina en muchas de sus obras.
Construyó su casa en Villa Turismo, poco antes de partir, para nunca más volver y la dejó sin terminar en sus detalles, como también gustaba finalizar sus esculturas.

El camino de la madera
Su gran sensibilidad fue el principal motor para su obra creativa, como también brindaba lo que tenía a quien lo necesitara. En su faceta de fotógrafo, las imágenes muestran a personajes del pueblo, que deambulaban borrachos por alguna esquina, como al hombre de campo sufriendo en la transformación lenta, continua, inevitable del pueblo en ciudad, motivaban a Nacho Uriarte para capturarlos en sus fotografías. “Descubría la inocencia de las personas” recuerda su hermana Sol.
Dar de su alimento a quien lo necesitara más, así sea su perro, eran su forma de vivir, tal cual lo describe su frase “La comida es para quien tiene hambre”

Aunque su gran sensibilidad, parecía exponerlo a los avatares de las circunstancias, su hermana Sol y su madre, reconocen que era consciente de lo que brindaba, que en definitiva era su elección de vida. Sin dudas el arte fue la expresión básica a través de la escultura, que se destaca cuando motosierra en mano realiza una escultura que se emplaza en Plaza Pagano.
Un turista que transitaba por estos lugares en aquel entonces, Stuart Bennett, actor y Profesor de Lengua Inglesa, oriundo de Great Falls, Virginia, EEUU, se deslumbra por el trabajo creativo de Nacho y le propone viajar hacia el norte en donde podría realizar algunas obras.
En el país del norte, precisamente en Washington DC, Nacho Uriarte realiza varias esculturas en madera, cuando consigue que le vendan unos árboles que habían caído sobre unos cables de electricidad, dado que allí estaba prohibido cortarlos. Esta oportunidad le permitió a Nacho realizar varias obras, entre las que se encuentra la cabeza de un caballo de ajedrez, siempre en grandes dimensiones. “El Profeta” otra cabeza, que tal como era su costumbre finalizaba sin pasarle a su obra ningún tipo de barniz o terminación, su obra concluía con la imagen lograda, plena, con mucha fuerza en sus expresiones.
En octubre de 2000 el periódico The Mc Lean Times, realiza una nota y Nacho Uriarte aparece en la tapa del diario editado en Washington, que le permite difundir su obra y vender algunas esculturas. La revista de arte, Élan, que muestra a diversos artistas de todo el mundo también realiza una nota, escrita por la especialista Alice Ross, en Febrero de 2001.
En El Bolsón, Nacho profundiza en la escultura en madera y en una oportunidad en la que trabajaba en una de sus obras en la Feria Regional, un señor se acercó y le comentó que en su forma de trabajar, Nacho tenía lo que no se enseña y le propuso hacer un “cursito”. Nacho respondió “Creo que las grandes obras las hace la naturaleza” y prometió realizar el “cursito” para adquirir un poco de técnica, como le recomendó aquel hombre, considerado maestro de maestros en el arte de la escultura en Argentina, como es Antonio Pujía.
Construye su casa en Villa Turismo, la cual es la muestra de todo su arte. Desde la puerta de entrada en donde se unen piedra, madera y vidrio, pasando por la pantalla de la lámpara sobre la mesa del comedor, hasta el enorme hogar realizado en piedra y una tremenda escalera con grandes rodajas de un árbol, demuestran el talento creativo de Nacho y su capacidad para afirmar cada detalle de manera segura, que lo templa como constructor.
A partir de allí también construye un ambiente para una cocina en una chacra, en la zona del río Azul, que tiene la particularidad de ser flotante.

El arte como esencia
Nacho vivió intensamente en su incesante andar por las montañas como también anduvo por otros rincones del plantea, como cuando viaja a Inglaterra, recalando en Londres en donde esculpe una obra, siempre en madera en donde la mujer es el principal motivo. Decide por allí no poner nombre a su obra, pero escribe en una madera, que luego coloca sobre la escultura en donde dejó su pensamiento “Sí compartís tu corazón tendrás flores y pájaros por siempre” y en este caso decidió colocar su nombre, aunque luego evitó que lo reportearan periodistas de tres periódicos de Londres, por su obra emplazada en Godstone. Los artículos escritos describieron con grandes elogios aquella escultura sin nombre, mencionando a su autor como el escultor misterioso.
El 13 de mayo, recuerda, Cora, su madre, “Sentados frente a su casa, me dejó su última frase antes de partir” las palabras de Nacho se afirman en el corazón de quienes lo conocieron y supieron entenderlo porque sus palabras van creciendo en el tiempo.
“Somos mezquinos en el amor y cobardes en los hechos” le dijo aquel día a su madre y lo describe otro de los dichos que van quedando marcados en sus seres queridos “La mente es un instrumento del corazón” por eso su hermana, Sol destaca que “Adentro de su corazón él sabía elegir”

Poesía
Tal como la esencia de las cosas, Cora Gabras le regaló a su hijo esta poesía, llamada Poema para vos:
Dulce ave que en tu pecho tiembla, atraviesa el temporal
Ella volará muy alto
Serena
A posarse en la cara más pura de la vida.
Y sin dudas Ignacio “Nacho” Uriarte, quien nos dejó, en su forma física, escribió desde su profundo interior.
Camino de amor sin esquinas
Al precio ¿de qué? se pregunta
¿Acaso algo puro espera por ti?